Los magos de oriente fieles a su cita con Monsagro

Los reyes magos no faltaron a su cita de todos los años en la pequeña localidad salmantina.

 

Sonaba la campanada de las nueve y media de la noche, del cinco de enero en el reloj de la plaza de Monsagro, cuando sus majestades, los reyes magos, hicieron acto de presencia en la iglesia parroquial acompañados de sus inseparables pajes, no quisieron faltar a la cita que año tras año – y ya son muchos los que llevan acudiendo – trae a los más pequeños la ilusión.

A pesar de que cada año son menos los niños que acuden a recibirlos – en esta ocasión una decena de infantes – los reyes magos no quieren perderse el ver la ilusión reflejada en las inocentes caras de los niños que acuden a recibir de sus manos el tan ansiado regalo que han pedido.

Como cada cinco de enero por la noche, siguen acudiendo a la llamada que los pequeños, a través de sus cartas les han solicitado, no se cansan de ver como cada pequeñín se acerca a recibir su regalo, al principio con cierto recelo, la parafernalia de trajes, antorchas, amén de las largas barbas y por que no decirlo, el exotismo del rey de color, les infunde un cierto respeto, pero poco a poco, y a la vista del colorido que reflejan los paquetes traídos por sus majestades, vencen la inicial desconfianza y pasan al minuto siguiente, a poner cara de inmensa sorpresa al comprobar, que los magos no se han equivocado, les han traído justo lo que ellos habían demandado en su carta, ¡claro, por eso son magos, le dice una niña a su hermanita pequeña! y las dos quedan convencidas – gracias a la candidez de la niñez – de que los reyes han recibido su carta y a pesar de que no se han portado todo lo bien que cabría esperar, gracias a su gran indulgencia, no les han dejado carbón.

Sorprende ver, que no importa el sitio, ni la cantidad de asistentes, el caso es, que los reyes magos siguen sorprendiendo favorablemente a nuestros pequeños, lo mismo en las grandes cabalgatas de las ciudades, que en sus apariciones en las pequeñas localidades, los reyes demuestran que son magos de verdad, no solo por el hecho de aparecer en múltiples lugares simultáneamente, si no por generar por igual en todos los miles de niños, la misma reacción.

Gracias queridos reyes magos, no os olvidéis de Monsagro, os esperan sus niños el año que viene, y esperamos que, en muchos más venideros.