Monsagro y la inusual celebración del cuerpo y la sangre de Cristo.
















La fiesta del Corpus, data del lejano año de 1246, y se debe al empeño de la religiosa Juliana de Cornillón, que se lo pidió al obispo de Lieja Roberto de Torote, el cual, ese mismo año, ordenó que se celebrase la fiesta del Corpus Christi el jueves siguiente a la octava de Pentecostés, desde ese lejano año, los cristianos llevan celebrando la fiesta del Corpus.
Hasta hace no relativamente muchos años, el Corpus se celebraba en el jueves correspondiente al posterior de la festividad de la Santísima Trinidad, es decir, 60 días después del domingo de Resurrección, eso, en lo tocante a lo litúrgico, de ahí viene el popular dicho: tres jueves hay en el año que relucen más que el sol, Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión, en el ámbito profano, correspondería al jueves que sigue al noveno domingo después de la primera luna llena de la primavera en el hemisferio norte, todo este contexto, nos llevaría a una celebración del Corpus en el año en cuero, el 4 de junio, pero debido a que la iglesia ha trasladado la festividad al domingo siguiente al jueves en cuestión, – quizás por adecuarla al calendario laboral – debiera de haberse celebrado el domingo 7, pero en esta ocasión, por causas de agenda parroquial – con motivo de la visita del Papa León XIV a España, el párroco Efraín viajó a Madrid para asistir a la visita del Santo padre, lo cual motivó, que en las cinco parroquias de su curato, entre ellas Monsagro, se haya celebrado el fin de semana posterior, en Monsagro el domingo 14.
Únicamente las localidades en las que el Corpus coincide con las fiestas locales, siguen celebrando la fiesta el jueves, el resto ha pasado a celebrarla el domingo inmediato, como es el caso de Monsagro desde el año 1990 – en el que la Sede Apostólica decidió trasladarla con carácter general- pero en concreto este año 2026, Monsagro la ha celebrado en fecha totalmente distinta al resto del país, motivos de agenda parroquial y escasez de párrocos han motivado el insólito hecho.
Desde hace varios años, en Monsagro, Cristina ha retomado la vistosa costumbre de engalanar la iglesia con motivo del Corpus, de forma realmente llamativa este año no ha tenido la misma disponibilidad, ya que al ser la madre de Claudia, la pequeña que tomó la primera comunión el sábado 13 – no ha tenido tiempo de realizar la laboriosa tarea de vestir el suelo del templo con vistosos diseños referentes a la Santa Hostia, aunque, no por ello, la iglesia ha carecido de decoración, un poco más austera si cabe, pero en ningún caso menso digna, porque Angelines, ayudada por Auri y Pili, se ha encargado de completar la decoración adecuándola a los arcos de Cristina del día anterior, dadas las inusuales circunstancias, la cosa se ha saldado con dignidad, si exceptuamos la cuestión climática, que puestos a contribuir en lo atípico, se empeñó en tratar de aguar la fiesta – al menos, el recorrido del Santísimo por las calles – amenazando con aguaceros de tormenta, afortunadamente, entre chubasco y chubasco ,se pudo realizar el recorrido, bajo un cielo amenazante y plomizo.
Muy lejos en la memoria, quedan aquellas multitudinarias celebraciones, y el fasto de todas las calles del recorrido engalanadas profusamente, y los altares que jalonaban la ruta, en los que el Santísimo se detenía para bendecir a los bebés nacidos durante el año, lejanos también. los grupos de niños y niñas que recibían su Primera comunión en día tan señalado, pero, aunque en menor medida, – qué duda cabe – los monsagreños siguen habilitando algún pequeño altar, y el entorno de la iglesia se decora con hiedras y tomillos para recibir el paso del Cuerpo de Cristo en su paseo por las calles de la villa.
El Corpus el año 2026, quedará en la memoria, como el primero – y quizás el último, ¿ quién sabe? – que se celebró fuera de la fecha oficial.
Gracias al abnegado esfuerzo de unas pocas personas, que se preocupan de mantener viva esta vistosa tradición floral, un año más, la parroquia de San Julián, estuvo a la altura que demanda la tradición.
Una mención particular, a los voluntarios que ayudan a recoger todo el material empleado, una vez concluida la ceremonia, trabajo arduo pero con nula visibilidad, dado que se trata de desbaratar lo que con tanto esfuerzo se llevó a cabo: a todos ellos merecido reconocimiento.