Adiós al primer cuarto del siglo XXI.

Monsagro despide el año 2025, a la vez que da la bienvenida al 2026 en la Plaza de la villa. 

La villa de Monsagro celebra en la Plaza la despedida del año que nos deja y la llegada del nuevo, con la esperanza puesta en que sea mejor que el agotado, o como poco, que no sea peor, lo importante – pasada la lotería, con el pírrico redito de 120 euros en el décimo que ofreció el Ayuntamiento – es pedir como principal deseo que la la salud nos acompañe en los meses que quedan por delante del recién estrenado 2026.

Desde hace un par de años, el Ayuntamiento congrega a los vecinos en la Plaza, concretamente bajo una gran carpa, en la que pasado el brindis de las campanadas, y tras el degustado de las doce uvas preceptivas, el vecindario permanece hasta altas horas de la madrugada, en esta ocasión al son del DJ local Moonlit (Diego) y poner fin a la fiesta con chocolate y bizcochos a cargo del Ayuntamiento a los osados que se han resistido a la llamada de Morfeo. este año. por causa del frío, han sido las antiguas escuelas las elegidos para la celebración posterior a las campanadas en la Plaza.

Precisamente por eso, los preparativos de fin de año comienzan el día anterior, el martes 30 de diciembre, un grupo de voluntarios se ha encargado de montar la carpa – seguramente los mismos, se encargarán de retirarla – eso por la mañana, por la tarde, el consistorio programó una actividad inclusiva, pasacalles a cargo del tamborilero Carlos Rufino de Haro a eso de las 17 horas, para posteriormente pasar a una actividad lúdica, como preludio a la calvochá elaborada por la empresa Asadina, que puso digno broche a la jornada previa a la nochevieja.

En lo referente a la celebración del 31 de diciembre, destacar la gran afluencia de  gente al evento, el Ayuntamiento se encargó de proporcionar todo lo relacionado con el cotillón, amén del cava para comenzar con buen pie la andadura por la senda de los meses por llegar.

A pesar de que es bien cierto que el medio rural acusa un fuerte descenso poblacional, cualquiera que estuviera en Monsagro el último día de diciembre – lógicamente sin tener  vinculación directa – se llevaría la sensación contraria, tal fue la participación colectiva, y por supuesto, intergeneracional, jóvenes, personas mayores, e incluso niños – por descontado, que en la primera parte de la celebración – los monsagreños despidieron el año en franca y regocijante armonía, a la vez que acogían al recién nacido con las esperanzas propias de cada año, nuevos retos, o cuando menos, la intención de llevarlos a cabo, todo ello, en un clima de sincera confraternización.

Apenas asestado el doceavo golpe del viejo martillo sobre la antañona campana de la torre del reloj de la Plaza, coronada por la veleta en la que el ángel toca la trompeta del juicio final, los monsagreños saludaron al 2026 con algarabía y regocijo, a la vez que dejaban atrás al 2025.

Se fue el 2025, y con él el primer cuarto del siglo XXI, bienvenido sea un año 2026, con la inusual – en los últimos tiempos – estampa de la panorámica de una Peña de Francia y un pico Mingorro realzados por la blancura de la nieve; que venga cargado de  paz y felicidad para todos, y si es posible, lleguen las guerras abiertas a un cese definitivo; por desearlo, que no quede.

Feliz año nuevo.

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