Monsagro cobra vida con la llegada de la Semana Santa.
Comienza el mes de abril, de la recién estrenada primavera, con la Semana Santa, las calles de la localidad bullen de gente de todas las edades, destacan, sobre todo, los niños y los jóvenes, que con su contagiosa algarabía ponen una nota de color inusitada, a la monótona sinfonía de los meses invernales.
Como cada año, la Semana Santa, reúne en el mismo espacio de tiempo, a casi todos los que tienen algún vínculo con Monsagro, convirtiéndose, de facto, en la avanzadilla de lo que vendrá en los meses estivales. Durante unos cuantos días, el pueblo vuelve a vibrar, con las calles abarrotadas de personas disfrutando de unas jornadas de ocio, en compañía de amigos y familiares con los que durante gran parte del año no es posible hacerlo,dada la disparidad geográfica en la que residen.
En lo concerniente a lo climático, una de cal y otra de arena podríamos decir, si bien es cierto que la lluvia ha brillado por su ausencia, no lo es menos, que durante las primeras jornadas, un impertinente y nada cálido viento, resultó ser el protagonista principal, afortunadamente, a partir del viernes la cosa mejoró y pasó a ser primaveral, lo cual se agradeció sin lugar a dudas; en general, podemos catalogarlo como buen tiempo a pesar de los pesares.
En lo tocante a lo religioso, poco que destacar en cuanto a lo tradicional, si acaso, que la vigilia del sábado santo tocaba en Serradilla del Arroyo, para lo que se dispuso de un autobús que acercó a los pocos que decidieron desplazarse, por lo demás, quizás resaltar la subida del Cristo desde la ermita la tarde del miércoles para que pudiera celebrarse la procesión de la soledad el viernes de anochecida: salió el Cristo por la calle del Príncipe, y la Virgen por la del Rosal para encontrarse en la esquina de la calle del Cojo, para desde allí, el Cristo delante y su dolorida madre detrás, desandar el recorrido efectuado por la Virgen, regresar al templo.
Aunque los actos de la Semana Santa, podríamos decir, que en realidad comienzan el domingo de ramos, con la procesión por las calles de los feligreses portando el ramo de laurel bendecido, preceptivo desde tiempos remotos; tras de lo cual, un paréntesis que termina la tarde de Jueves santo con la misa, y posterior acceso libre a la iglesia donde queda expuesto el Santísimo en el tabernáculo. El viernes santo, viacrucis por la mañana, por la tarde la pasión del Señor y ya con el crepúsculo, la procesión de la soledad; el sábado 4 de abril, la vigilia pascual en Serradilla del Arroyo, y como triunfal colofón, la solemne Eucaristía de resurrección del Señor el domingo, para dar por finalizada la Semana Santa.
A partir del lunes, las cosas volverán a lo habitual de forma paulatina, ya que algunos no regresarán a su destinos hasta pasados unos días, pero en breve, volveremos a lo rutinario a la espera del verano, que volverá a dotar de vivacidad a nuestra querida villa.
Llegados a este punto, no puedo menos que mirar hacia el pasado más inmediato y recordar que el domingo de resurrección conllevaba implícita, la costumbre de que los jóvenes, llegada la tarde fueran a comer el hornazo a algún paraje cercano si hacia buen tiempo – como resulta ser el caso de este año – o en alguna casa vieja si el tiempo lo impedía. eso se echa de menos, pues resulta evidente, que el pueblo se llena de niños y jóvenes, pero las antiguas costumbres se van perdiendo por el camino ¡ qué le vamos a hacer! es el signo de los nuevos tiempos, tan tecnológicos, que parece arcaico todo aquello que hace escasas décadas, resultaba ser la nota habitual, hemos dejado que lo tradicional se ubique en el desván del olvido, pasando a ser, como mucho, un grato recuerdo en la memoria de los que han cumplido cierta edad.






















