Monsagro, con la antigua tradición de la cestería.

Jornada artesana en la cestería del castaño.

El sábado 3 de mayo – la Cruz bendita ¿en qué mes cae? chascarrillo que nos preguntaban los mayores cuando éramos niños – a las diez de la mañana en las antiguas escuelas, el monitor David Luengo, impartió con mano experta, para una veintena de veteranos educandos, un curso de elaboración de cestas a partir de láminas de madera de castaño. 

La concurrencia, mayormente ya entrada en años, además de elaborar un pequeño cestillo que se llevó a su casa, tuvo la oportunidad de volver a revivir , momentos de su pasado rural, en los que,  quien más,  quien menos, rememoró a «tío Desi» y  a Bernardino «el correo» gente que en su caso, con mimbres, elaboraban las cestas, tan versátiles en el laboreo campestre de no hace tantos años, como pudiera parecer.

Si bien es cierto, que este tipo de cesta de castaño – aquí denominada de costillas –  antaño, según me cuentan, las elaboraban artesanos venidos de fuera para tal menester, el menestral en cuestión, por regla general, solía quedarse a pupilo en la casa de quien realizaba el encargo, pudiendo residir en la localidad durante varios días, tantos como encargos recibiera sobre la marcha, este tipo de intercambio, favorecía a ambas partes, al campesino le salían mas baratas las cestas, cestos o, banastas, proporcionando alojamiento y comida al cestero, y a este, le resultaba a cuenta, no tener que abonar gastos de pensión, por lo tanto, todos contentos. En el contexto actual, este tipo de transacciones comerciales, resultan  cuando menos, chocantes, pero tengamos en cuenta que, en la antigüedad, la economía de subsistencia en los pueblos, propiciaba este tipo de arreglos, hagámonos cuenta de que Monsagro, llegó a tener una floreciente industria de frutales, manzanas en concreto, muy reconocidas y apreciadas, y que  toda la fruta se transportaba hasta los «sobraos» a lomos de caballerías en banastas, de ahí el hecho, de que cada año antes de la recolección, un artesano forastero recalase en la población para atender la demanda de producto tan necesario en la tarea de recolección del fruto del manzano.

La jornada de este sábado, no  es más que un entretenimiento, una actividad divertida tendente a ocupar una mañana el tiempo de ocio, pero en otros tiempos, la elaboración de recipientes para uso cotidiano resultaba de vital importancia, casi todos los pueblos eran autónomos en cuanto a artesanos se refiere, Monsagro contaba con herrero, hojalatero, albardero, tamborilero  e incluso cestero del mimbre, aunque ninguno de ellos vivía exclusivamente de su oficio, este, resultaba ser mas bien, un complemento con el que paliar la escasez de liquidez monetaria, sin embargo, a pesar de ser, tierra de castaños, este tipo de recipientes – cestas de costillas y banastas –  corrían a cargo de artesanos foráneos.

La jornada artesana ha resultado del agrado de los participantes, la inmensa mayoría de ellos, al menos cuando niños, vio hacer cestas de mimbre, a algunos de los pocos que a ello se dedicaban por necesidad, pero otros, han descubierto de repente, que con muy poquitas cosas al alcance de la mano, con la debida dedicación y empeño, se pueden obtener recursos para el uso cotidiano, toda una experiencia enriquecedora, a la par que conmemorativa, rindiendo homenaje involuntario, a esos mayores, que con su tesón supieron guiarnos, con no pocos sacrificios, hasta la modernidad imperante, todo un ejemplo de coraje obligado por la necesidad, una forma de aprovechar todos los recursos a su alcance para sobrevivir.

En la adjunta galería de fotos proporcionada por Maribel Rodríguez,  puede apreciarse, tanto la dedicación, como la meticulosidad de los participantes, a la hora de enfrentarse al reto de crear con sus propias manos, un recipiente, partiendo de algo tan común como las tiras de madera, recibiendo como recompensa a su buen hacer, la satisfacción personal  y llevarse a casa, el cestillo tejido por ellos mismos.

En definitiva, los antañones artesanos ambulantes, se han convertido, en los actuales monitores ambulantes, el oficio no ha cambiado, ha cambiado la utilidad, el ocio ha tomado el relevo a la necesidad, prerrogativa, sin duda, de la más holgada forma de vida de los nuevos tiempos,

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