El templo reluce con el ornato floral característico de la festividad del Corpus.
Llegado el mes de junio, con los calores ejerciendo su ministerio, incluso antes de la llegada oficial del verano, hace su aparición la fiesta del Corpus Christi; como no retrotraerse a la infancia llegado este momento, para alojar de nuevo en la memoria, la fastuosidad que por entonces revestía la festividad del Corpus, ni un solo milímetro de calle por donde pasaba el recorrido de la custodia portando la Sagrada forma, quedaba sin tapizar, una tupida alfombra a base de hojas y flores de variopinto colorido, en el que se alternaba el verde de las hiedras, con el amarillo de de las retamas, y por descontado, el luminoso morado del tomillo, amortiguaba el paso de los fieles tras la figura del párroco portando la Hostia sagrada insertada en la custodia, para ello, cada vecino – en voluntarioso y tácito, contraído acuerdo inmemorial – se encargaba de alfombrar su parte de calle, e incluso aquellos a los que correspondía la entrada de una calleja, ocultaban dicha entrada a ella con colchas de vistosos colores y ramas de castaño, de tal forma, que una vez iniciado el recorrido por la calle el Príncipe, pasando seguidamente a un corto tramo de la Carrera, de esta a la de las Eras, calle el Cojo, Campital, calle del Chorro y la de la Fuente, para afrontar a continuación, la subida de la calle el Rosal, y desembocar por ella, en el portalito de la iglesia, lugar de partida inveterado recorrido de todas y cada una de las procesiones llevadas a cabo en la villa de Monsagro desde tiempos ancestrales, si exceptuamos las procesiones con ofertorio, cuyo recorrido se reduce a calle la Canal, Plaza, calle la Fuente y el Rosal, el resto quedan circunscritas al circuito antes citado, si bien es cierto, con la diferencia de la decoración, inexistente en las otras y profusa en la concerniente al Corpus
Dada la alarmante despoblación que el medio rural sufre en las últimas décadas, las cosas han cambiado mucho, a peor naturalmente, de la exuberante decoración que antaño inundaba, tanto calles como iglesia, la cosa ha quedado reducida drásticamente, apenas unos cuantos tomillos en el atrio y algunos pocos más, en los aledaños de los escasos altares que se ubican en el desangelado – por ausencia de decoración – recorrido, nada que ver con el número de ellos que otrora jalonaban el itinerario, y en los que obligatoriamente el sacerdote detenía la comitiva para sahumar y santificar, tanto a los monumentos, como a los nacidos durante el año en ellos ofrendados, en la actualidad, la procesión del Corpus se ha simplificado, no en recorrido, que permanece inalterado, no, pero si en cuanto a los elementos decorativos y la duración de la misma, menos altares, menos tiempo.
Entristece comprobar, como algo tan colorido – independientemente del grado de espiritualidad que cada cual le atribuya – haya estado a punto de desaparecer, incluso en la iglesia, afortunadamente, hace ya siete años – allá por el 2028 – Cristina Luis, vecina de la localidad, se ha echado a la espalda la responsabilidad de engalanar el templo como en sus mejores tiempos, y a fe que lo ha conseguido – como atestiguan en esta ocasión las fotografías aportadas por ella – año tras año, se suceden las decoraciones con motivos distintos, pero con igual esplendor. La ardua tares conlleva previamente, recolectar pétalos, hojas, tomillos, retamas y elementos decorativos varios, posteriormente diseñar los motivos, y por último plasmarlos sobre el pavimento de la iglesia, varios son los días de laborioso trabajo previo a poder apreciar el impactante resultado, la mañana del domingo de Corpus, al menos de momento, la iglesia tiene asegurada su decoración.
Otro elemento fundamental que se echa en falta en Corpus Christi, son los cuantiosos niños y niñas, que se disponían , en día tan señalado y ornamental, a recibir su primera comunión, sin duda alguna el elemento decorativo – los menores ataviados con sus trajes de gala – que más se añora, pues sin ellos, ni siquiera el pueblo tiene esperanza alguna de durabilidad, cuanto más, la decoración floral del Corpus y por ende, la fiesta misma.
Felicitémonos en este 22 de junio del 2025, por tener la iglesia decorada con el boato que la fiesta del Corpus requiere, y demos las gracias a Cristina por tomarse la molestia de elaborar tan bellos y cromáticos diseños.



























