Monsagro recrea una ancestral labor agrícola, el primer sábado del mes de agosto.
El mes de agosto cuenta con dos características principales, la primera, que es el mes vacacional por excelencia, y la segunda – ésta más local, se circunscribe a Monsagro, desde hace más de dos décadas – la trilla como actividad lúdico-festiva.
Monsagro lleva muchos años, recreando las labores de la trilla en una jornada festiva que coincide con el primer fin de semana del mes de agosto, en este 2025, sigue presente la costumbre de presentar una labor antañona que se distinguía por la dureza de su realización, téngase en cuenta, que necesariamente – al contrario que en otras actividades rurales – se buscaban las horas de calor extremo con el fin de que la paja rindiese con mayor facilidad, lo cual, no dejaba de ir en detrimento del bienestar tanto de las caballerías utilizadas en el arrastre de los trillos – acribilladas constantemente por el acoso de un enjambre de moscas y tábanos – como en el de los encargados de dirigir a las sufridas bestias, tarea encomendada, por lo general, a los más jóvenes de la casa, que con un simple sombrero de paja para tratar de paliar la inclemencia del sol veraniego, se pasaban hora tras hora subidos al trillo, con el único consuelo de aliviarse de vez en cuando, con la frescura del agua de la fuente, escanciada desde el barril, recipiente en desuso, sin el cual hubiera sido aún mucho más terrible afrontar las tediosas y sofocantes jornadas de la trilla. Poco recuerdo se le rinde a cosas de tanta relevancia para la labor a realizar, se homenajea con estas jornadas de trilla, a la labor propiamente dicha, a los esforzados zagales obligados por las circunstancias a trillar, mientras los veraneantes bajaban a bañarse al rio, y por supuesto, a los incombustibles lugareños curtidos en innumerables tareas al aire libre tan arduas como la trilla, pero poca importancia, por no decir ninguna, se le atribuye a un elemento tan humilde como el botijo, en estas recreaciones modernas; quizás se deba, a que la otrora fatigosa tarea de varios días, se ha trocado en un par de horas, a lo sumo, y después, a los castillos hinchables a refrescarse por la tarde. las diferencias entre el antes y el ahora resultan abismales, baste poner sobre el tapete un dato relevante, en un pueblo como Monsagro, con una agreste orografía, el uso de animales de carga resultaba esencial, no había ni una sola casa que no tuviese en la cuadra una caballería, aunque por lo general, eran dos los animales que la familia poseía, para todo era imprescindible su concurso, en parejas para arar o trillar, y para acarrear todo lo habido y por haber a bordo de sus lomos; pues mira tú por donde, en la actualidad, ni una sola caballería se puede encontrar para esta recreación de la trilla, es preciso traer un par de animales en un camión desde Ciudad Rodrigo, ver para creer, pero resulta totalmente cierto, por ese motivo los actuales chavales se pelean por subirse a un artilugio novedoso para ellos, durante unos minutos, en tanto que los antiguos, odiaban la llegada de los meses estivales por lo que suponía para ellos de sacrificio, afortunadamente los tiempos han cambiado para mejor.
La jornada de este año comenzó, como ya viene siendo habitual, sobre las 11h con la llegada del camión donde el par de burros viajan, tras el paso previo de uncirlos al yugo, se procedió a la trilla de la mies tendida en la parva previamente, a lo largo de algo más de dos horas, la chiquillería y algún que otro talludito, se turnaron en subir al trillo, pasaba de las 13 h cuando se dio por finalizada la actividad en la era, pasando seguidamente el personal, a comer. La mañana estuvo amenizada por la charanga «Al rojo» y el inestimable concurso de un nutrido grupo de monsagreños ataviados a la antigua usanza, atendiendo al requerimiento hecho por el consistorio para dar ambiente al evento
Tras la siesta de rigor, que como es sabido, era preceptiva en el mundo rural desde el 3 de mayo (La Cruz bendita) hasta la fiesta del Cristo (14 de septiembre) – lujo por cierto, del que quedaban exentos los antiguos trilliques – nueva cita a las 17 horas en los aledaños del botánico, donde un tobogán de agua, hizo las delicias de los jóvenes y no tan jóvenes, más tarde, en el patio de las antiguas escuelas, fiesta de la espuma, terminó la cosa, con una comida de confraternidad ofrecida por el consistorio, previa inscripción y abono de 10 euros,, la velada fue amenizada por la música en directo de «Tito del Rubiaco» hasta altas horas de la madrugada.
Comienza con la trilla, la temporada oficial de eventos veraniegos ofertados por el Ayuntamiento.
Y el más inmediato, la tarde siguiente, domingo 3, con la «Patatina2 un espectáculo enfocado a los menores, con payaso y tamborilero que culminó con el reparto de patatas rellenas, a la conclusión del evento, a los posesores del ticket de la jornada anterior.
Así mismo, el sábado dos, se inauguró, en el salón del Ayuntamiento, una exposición de pintura de la artista, oriunda de la localidad Francia Mateos, que permanecerá abierta en horario de 12 a 13 por las mañanas y de 19 a 20 por las tardes, hasta el 16, el título de la exposición » ¡En los pueblos! y nos siguen vaciando.
Copioso y variado conjunto de actividades, en los tres primeros días de arranque del mes de agosto.















































